14 junio 2010

Me caí del mundo y no sé por donde se entra.



(Imagen: Goran)

Marciano Durán, escritor uruguayo.

Lo que me pasa es que no consigo andar por el mundo tirando cosas y cambiándolas por el modelo siguiente sólo porque a alguien se le ocurre agregarle una función o achicarlo un poco.

No hace tanto, con mi mujer, lavábamos los pañales de los críos, los colgábamos en la cuerda junto a otra ropita, los planchábamos, los doblábamos y los preparábamos para que los volvieran a ensuciar.

Y ellos, nuestros nenes, apenas crecieron y tuvieron sus propios hijos se encargaron de tirar todo por la borda, incluyendo los pañales.

¡Se entregaron inescrupulosamente a los desechables! Si, ya lo sé. A nuestra generación siempre le costó botar. ¡Ni los desechos nos resultaron muy desechables! Y así anduvimos por las calles guardando los mocos en el pañuelo de tela del bolsillo.

¡¡¡Nooo!!! Yo no digo que eso era mejor. Lo que digo es que en algún momento me distraje, me caí del mundo y ahora no sé por dónde se entra. Lo más probable es que lo de ahora esté bien, eso no lo discuto. Lo que pasa es que no consigo cambiar el equipo de música una vez por año, el celular cada tres meses o el monitor de la computadora todas las navidades.

¡Guardo los vasos desechables!

¡Lavo los guantes de látex que eran para usar una sola vez!

¡Los cubiertos de plástico conviven con los de acero inoxidable en el cajón de los cubiertos!

Es que vengo de un tiempo en el que las cosas se compraban para toda la vida!

¡Es más!
¡Se compraban para la vida de los que venían después!
La gente heredaba relojes de pared, juegos de copas, vajillas y hasta palanganas de loza.
Y resulta que en nuestro no tan largo matrimonio, hemos tenido más cocinas que las que había en todo el barrio en mi infancia y hemos cambiado de refrigerador tres veces.

¡¡Nos están fastidiando! ! ¡¡Yo los descubrí!! ¡¡Lo hacen adrede!! Todo se rompe, se gasta, se oxida, se quiebra o se consume al poco tiempo para que tengamos que cambiarlo. Nada se repara. Lo obsoleto es de fábrica.

¿Dónde están los zapateros arreglando las media-suelas de los tenis Nike?
¿Alguien ha visto a algún colchonero escardando colchones casa por casa?
¿Quién arregla los cuchillos eléctricos? ¿El afilador o el electricista?
¿Habrá teflón para los hojalateros o asientos de aviones para los talabarteros?
Todo se tira, todo se desecha y, mientras tanto, producimos más y más y más basura.

El otro día leí que se produjo más basura en los últimos 40 años que en toda la historia de la humanidad.
El que tenga menos de 30 años no va a creer esto: ¡¡Cuando yo era niño por mi casa no pasaba el que recogía la basura!!
¡¡Lo juro!! ¡Y tengo menos de... años!
Todos los desechos eran orgánicos e iban a parar al gallinero, a los patos o a los conejos (y no estoy hablando del siglo XVII)

No existía el plástico ni el nylon. La goma sólo la veíamos en las ruedas de los autos y las que no estaban rodando las quemábamos en la Fiesta de San Juan .
Los pocos desechos que no se comían los animales, servían de abono o se quemaban. De 'por ahí' vengo yo. Y no es que haya sido mejor.. Es que no es fácil para un pobre tipo al que lo educaron con el 'guarde y guarde que alguna vez puede servir para algo', pasarse al 'compre y bote que ya se viene el modelo nuevo'.Hay que cambiar el auto cada 3 años como máximo, porque si no, eres un arruinado. Así el coche que tenés esté en buen estado . Y hay que vivir endeudado eternamente para pagar el nuevo!!!! Pero por Dios.

Mi cabeza no resiste tanto.

Ahora mis parientes y los hijos de mis amigos no sólo cambian de celular una vez por semana, sino que, además, cambian el número, la dirección electrónica y hasta la dirección real.

Y a mí me prepararon para vivir con el mismo número, la misma mujer, la misma casa y el mismo nombre (y vaya si era un nombre como para cambiarlo) Me educaron para guardar todo. ¡¡¡Toooodo!!! Lo que servía y lo que no. Porque algún día las cosas podían volver a servir. Le dábamos crédito a todo.

Si, ya lo sé, tuvimos un gran problema: nunca nos explicaron qué cosas nos podían servir y qué cosas no. Y en el afán de guardar (porque éramos de hacer caso) guardamos hasta el ombligo de nuestro primer hijo, el diente del segundo, las carpetas del jardín de infantes y no sé cómo no guardamos la primera caquita. ¿Cómo quieren que entienda a esa gente que se desprende de su celular a los pocos meses de comprarlo?

¿Será que cuando las cosas se consiguen fácilmente, no se valoran y se vuelven desechables con la misma facilidad con la que se consiguieron?

En casa teníamos un mueble con cuatro cajones. El primer cajón era para los manteles y los repasadores, el segundo para los cubiertos y el tercero y el cuarto para todo lo que no fuera mantel ni cubierto. Y guardábamos.. . ¡¡Cómo guardábamos!! ¡¡Tooooodo lo guardábamos!! ¡¡Guardábamos las tapas de los refrescos!! ¡¿Cómo para qué?! Hacíamos limpia-calzados para poner delante de la puerta para quitarnos el barro. Dobladas y enganchadas a una piola se convertían en cortinas para los bares. Al terminar las clases le sacábamos el corcho, las martillábamos y las clavábamos en una tablita para hacer los instrumentos para la fiesta de fin de año de la escuela. ¡Tooodo guardábamos!

Cuando el mundo se exprimía el cerebro para inventar encendedores que se tiraban al terminar su ciclo, inventábamos la recarga de los encendedores descartables. Y las Gillette -hasta partidas a la mitad- se convertían en sacapuntas por todo el ciclo escolar. Y nuestros cajones guardaban las llavecitas de las latas de sardinas o del corned-beef, por las dudas que alguna lata viniera sin su llave. ¡Y las pilas! Las pilas de las primeras Spica pasaban del congelador al techo de la casa. Porque no sabíamos bien si había que darles calor o frío para que vivieran un poco más. No nos resignábamos a que se terminara su vida útil, no podíamos creer que algo viviera menos que un jazmín.

Las cosas no eran desechables. Eran guardables. ¡¡¡Los diarios!!! Servían para todo: para hacer plantillas para las botas de goma, para poner en el piso los días de lluvia y por sobre todas las cosas para envolver.. ¡¡¡Las veces que nos enterábamos de algún resultado leyendo el diario pegado al trozo de carne!!!

Y guardábamos el papel plateado de los chocolates y de los cigarros para hacer guías de pinitos de navidad y las páginas del almanaque para hacer cuadros y los goteros de las medicinas por si algún medicamento no traía el cuentagotas y los fósforos usados porque podíamos prender una hornalla de la Volcán desde la otra que estaba prendida y las cajas de zapatos que se convirtieron en los primeros álbumes de fotos y los mazos de naipes se reutilizaban aunque faltara alguna, con la inscripción a mano en una sota de espada que decía 'éste es un 4 de bastos'.

Los cajones guardaban pedazos izquierdos de pinzas de ropa y el ganchito de metal. Al tiempo albergaban sólo pedazos derechos que esperaban a su otra mitad para convertirse otra vez en una pinza completa.

Yo sé lo que nos pasaba: nos costaba mucho declarar la muerte de nuestros objetos. Así como hoy las nuevas generaciones deciden 'matarlos' apenas aparentan dejar de servir, aquellos tiempos eran de no declarar muerto a nada: ¡¡¡ni a Walt Disney!!!

Y cuando nos vendieron helados en copitas cuya tapa se convertía en base y nos dijeron: 'Cómase el helado y después tire la copita', nosotros dijimos que sí, pero, ¡¡¡minga que la íbamos a tirar!!! Las pusimos a vivir en el estante de los vasos y de las copas. Las latas de arvejas y de duraznos se volvieron macetas y hasta teléfonos. Las primeras botellas de plástico se transformaron en adornos de dudosa belleza. Las hueveras se convirtieron en depósitos de acuarelas, las tapas de botellones en ceniceros, las primeras latas de cerveza en portalápices y los corchos esperaron encontrarse con una botella.

Y me muerdo para no hacer un paralelo entre los valores que se desechan y los que preservábamos. ¡¡¡Ah!!! ¡¡¡No lo voy a hacer!!! Me muero por decir que hoy no sólo los electrodomésticos son desechables; que también el matrimonio y hasta la amistad son descartables.

Pero no cometeré la imprudencia de comparar objetos con personas. Me muerdo para no hablar de la identidad que se va perdiendo, de la memoria colectiva que se va tirando, del pasado efímero.. No lo voy a hacer. No voy a mezclar los temas, no voy a decir que a lo perenne lo han vuelto caduco y a lo caduco lo hicieron perenne. No voy a decir que a los ancianos se les declara la muerte apenas empiezan a fallar en sus funciones, que los cónyuges se cambian por modelos más nuevos, que a las personas que les falta alguna función se les discrimina o que valoran más a los lindos, con brillo,pegatina en el cabello y glamour.

Esto sólo es una crónica que habla de pañales y de celulares. De lo contrario, si mezcláramos las cosas, tendría que plantearme seriamente entregar a la 'bruja' como parte de pago de una señora con menos kilómetros y alguna función nueva. Pero yo soy lento para transitar este mundo de la reposición y corro el riesgo de que la 'bruja' me gane de mano y sea yo el entregado.


Marciano Durán

10 junio 2010

Abrazando...



DIME COMO ABRAZAS…

¿Abrazamos? ¿A quienes abrazamos? ¿Con que frecuencia abrazamos? ¿Cómo abrazamos? Estas preguntas importan y tener el valor de formularlas, cada quien en el altar de su silencio, aguardando con total honestidad las respuestas, es el camino para evolucionar. Muchas veces se define la meditación como esa práctica matutina hecha con tal o cual procedimiento según la escuela, eso en realidad es sólo un entrenamiento para la verdadera meditación que consiste en el arte de estar atento en todo momento. Observar, observarse, ver y comprender las señales que la vida nos envía a través del diseño único de nuestras relaciones, es el camino para ascender a un nuevo nivel de consciencia.

Si para creer hay que observar y para generar un correcto campo de observación hay que formular las preguntas correctas reflexionemos en la que la que más importa, la del como. Respondiendo a ¿como abrazamos? respondemos a todo… podríamos casi decir “dime como abrazas y te diré quien eres”.

Uno abraza a otros como abraza la vida.

Uno abraza la vida como se abraza.

Hay infinidad de formas de abrazar que podríamos agrupar en tres categorías básicas:

ABRAZO FISICO – Sería aquel en que la consciencia, el énfasis, está en el cuerpo. Suelen ser cortos, fuertes y muchas veces son fríos ya que no se ponen en juego partes más profundas del ser. La respiración es superficial.

ABRAZO EMOCIONAL – Es como su nombre indica altamente emotivo, puede estar cargado de una serie de emociones que nos causan dolor como tristeza, angustia de separación o incluso de miedo. Con frecuencia comienza con dificultades para respirar y sollozos, que suelen desembocar en un liberador llanto hondo. En otros casos es el abrazo con el que compartimos una alegría, una buena noticia; suele ser dinámico y más corto que el anterior.

ABRAZO DEL ALMA –
El alma tiene dos cordones por los que está conectada siempre a la triple personalidad, el hilo de vida que se ancla en el corazón (4º centro) y el hilo de consciencia que se ancla en el séptimo centro (cabeza). Ambos se emplean durante el abrazo que involucra la consciencia meditativa o superior. Abrazar desde el alma no es una técnica es un modo de ser y de vivir, sin embargo hay – como en las prácticas meditativas – ciertas pautas que pueden ayudarnos a enfocar la consciencia y la energía. Lo fundamental insistimos, es la intención, y la mejor intención es siempre la más pura, la más amorosa y la más desapegada, con la intención correcta basta. Si deseamos no obstante profundizar en el conocimiento de los canales que la energía sigue en el seno de nuestro cuerpo podemos acompañar el abrazo de una visualización que modula la energía. Así antes del abrazo es deseable visualizar el triángulo Alma - 7º - 4º, hacemos circular la energía y luego permanecemos con la consciencia en el corazón sintiendo su emisión, su paz, su fuego envolvente. (La energía circula por un triángulo que une los tres lotos de 12 pétalos: el del alma que podemos visualizar a unos 60 – 70 cm sobre la cabeza, el del 7º en un eje vertical justo sobre la cabeza y el del 4º que veremos más abajo y más atrás, concretamente entre los homóplatos). Como suele ocurrir con toda práctica nueva, la visualización podría ser un estorbo al comienzo, pero será sin duda un potenciador una vez incorporada.

Con o sin visualización, con o sin conocimiento de que centros están implicados (y cómo y porqué), lo esencial es que una vez que estamso centrados, que nuestra respiración es profunda y pausada, (y que está centrada en el corazón) estamos prontos para abrazar. Es muy bueno procurar un buen acoplamiento en el momento del encuentro que nos permita tener el peso del cuerpo bien repartido entre las dos piernas de tal forma que nuestra consciencia no esté en sostener el equilibrio, sino en fluir, dar, celebrar el instante único. Cerramos los ojos y con máxima reverencia acogemos al otro como si le recibiéramos en nuestro templo, ingresando a la vez en su templo. Abrazamos con la fuerza justa, como si sostuviéramos en la mano a un pájaro, ni tan flojo que se nos vuele, ni tan apretado que se lastime. Somos conscientes de que el Padre está en nosotros y su fuerza, el masculino en nosotros, se emite a través de la mano derecha. Somos igualmente conscientes de la Madre en nosotros, de que su ternura, su aceptación, se trasmite a través de la mano izquierda.

Somos conscientes de la energía que recibimos a través de la respiración, sentimos su gratuidad, sentimos que es un regalo que ha estado allí siempre para nosotros y descubrimos que podemos vivirla y enriquecerla con nuestro colorido de una forma única en cada abrazo. “No es posible bañarse dos veces en el mismo río” dice el aforismo, tampoco es posible volver a vivir el mismo abrazo.

En la quietud de sentir nuestra respiración y con devoción por la vida del otro simplemente dejamos el amor fluir. Sentimos que completamos al otro, que somos justo lo que en ese momento necesita, sentimos que el otro nos completa, por lo que nos da, por lo que nos permite dar, por ser el que es. Permanecemos en ese sentir y gradualmente los dos campos de energía se armonizan hasta que, en algunas ocasiones, ya no hay dos que respiran sino una única respiración que acontece entre ambos. Ya no hay dos campos de energía sino una sola nube de paz, ya no hay tiempo, ni sonidos, sino una profunda quietud que baña cada una de nuestras células con la vibración del alma.


ABRAZARNOS

Decíamos que la del cómo era la pregunta que responde a todas las preguntas. Si abrazamos bien abrazamos mucho, por descontado. Si abrazamos bien abrazamos a muchos, eso es bien seguro. Si abrazamos bien estamos disponibles casi siempre, eso es seguro. Así quizás la siguiente pregunta sería ¿cómo vivir para abrazar bien?

Uno abraza a otros como abraza la vida.

Uno abraza la vida como se abraza.

¿Te abrazas? ¿Te aprecias, te conoces? Si no nos conocemos no conocemos nuestras necesidades reales, no cuidamos de nosotros, no nos nutrimos. Si desconocemos nuestras necesidades reales empleamos nuestro tiempo y nuestra energía, procurando satisfacer necesidades falsas, necesidades que parten del no ser, que tienen que ver con programaciones, deseos de otros, reclamos surgidos desde la coraza del carácter. Así nos alejamos del corazón, de la autenticidad, de la unicidad, de la realización.

Si no nos abrazamos y abrazamos la vida es porque no hubo alguien en nuestro origen que nos abrazara desde el alma, con frecuencia, con amor. Y está bien, si lo admitimos, si lo tomamos como punto de partida, está bien. No es necesario renunciar, no es inteligente seguir huyendo, no es constructivo negar las carencias. El primer movimiento para recibir ayuda real es creer que otra vida es posible, que otro mundo es posible. El segundo movimiento es elegirlo, vencer las falsas creencias de no merecerlo, abrirse.

Abrazar es estar abierto. Abrazar es dejarse abrazar y dejarse abrasar. Es vincularse desde dentro y dejarse conmover. Es dejarse tocar, no con la piel sino con el corazón y los sueños, no en la piel sino en el corazón y el alma.

Si te dejas tocar por el alma, el alma está en ti, su fuego nutre tu corazón y canta a cada una de tus células. Tu calor enciende a aquellos que miras, que tocas, que abrazas. Tu ejemplo inspira. Tu companía nutre. Tu presencia acompaña. Tu sonrisa ilumina. Tu alegría contagia.

Si te abrazas, si te quieres, si te reconoces, abrazas lo que te conviene, lo que te construye. Abrazar la verdad nos libera. Abrazar la responsabilidad nos madura. Abrazar el esfuerzo nos lleva a la fortaleza y la eficacia. Abrazar la sinceridad, la empatía y la apertura nos lleva a la amistad. Abrazar la inofensividad, la responsabilidad, la reciprocidad y la entrega lleva al amor. Abrazar el amor nos protege del falso amor, ese que siendo dependencia, apego, idealización nos niega, nos debilita y nos empobrece. Abrazar el amor es abrazar a un tiempo la valentía y la bondad ya que el amor no teme, el amor salvaguarda lo justo, lo noble, lo bueno. Abrazar el amor es ser testigo de Dios, mensajero de Dios, discípulo de Dios y serlo en el silencio magno del ejemplo.


ACTUAR EN CONSECUENCIA


Si el contacto, el abrazo y el soporte afectivo prolongan la vida en caso de metástasis, si tienen un poder analgésico incluso para dolores severos, si mejoran el sistema inmunológico, si nos hacen sentir bien, más seguros, más queridos, más valiosos, más conectados a la vida ¿a que estamos esperando?

Podríamos hoy dejar de poner tanto énfasis en las cremas, las dietas, la ropa, los gimnasios, el dinero y tantas otras cosas y regresar a la verdad esencial, nos necesitamos. Necesitamos los unos de los otros. Expresar afecto, abrazar, dar, estar disponible, ser cordial, ser cálido es esencial para sanar la vida.

Podemos aumentar ingresar al ritual sagrado del abrazo de muchas formas. Podemos incorporarlos a los grupos de meditación (nosotros lo hemos hecho y todos lo disfrutamos de gran forma), a nuestros grupos de yoga. Podemos abrazar a los amigos con sólo pasar la barrera de los dos besos protocolarios un poquito más allá, ellos pronto tendrán la iniciativa. Hemos de abrazar mucho a nuestros hijos y acariciar a nuestras mascotas, los más pequeños siempre se nutren de nuestro amor, lo necesitan. Podemos contagiarnos unos a otros de las ganas de abrazar y ser abrazado, podemos fluir, experimentar, abrirnos, descubrirnos y sanarnos.

No aceptemos médicos distantes, no nos conformemos con profesores indiferentes, no permanezcamos en matrimonios inhabitados, abracemos la vida y elijamos gente que abrace la vida. El mundo es nuestro mundo, nuestra construcción.


16 mayo 2010

Me declaro vivo.




Saboreo cada acto.
Antes cuidaba que los demás no hablaran mal de mí,
entonces me portaba como los demás querían
y mi conciencia me censuraba.
Menos mal que a pesar de mi esforzada
buena educación siempre había alguien difamándome.
¡Cuánto agradezco a esa gente que me enseñó
que la vida no es un escenario!
Desde entonces me atreví a ser como soy.

El árbol anciano me enseñó
que todos somos lo mismo.
Soy guerrero:
mi espada es el amor,
mi escudo el humor,
mi hogar la coherencia,
mi texto la libertad.

Si mi felicidad resulta insoportable, discúlpenme,
no hice de la cordura mi opción.
Prefiero la imaginación a lo indio,
es decir inocencia incluida.

Quizás solamente teníamos que ser humanos.


Sin Amor nada tiene sentido, sin Amor estamos perdidos,
sin Amor corremos el riesgo de estar de nuevo
transitando de espaldas a la luz.

Por eso es muy importante que sea el Amor
lo único que inspire tus actos.


Anhelo que descubras el mensaje que se encuentra
detrás de las palabras; no soy un sabio,
sólo un enamorado de la vida.


La mejor forma de despertar es hacerlo
sin preocuparse porque nuestros actos
incomoden a quienes duermen al lado.

La meta no existe, el camino y la meta son lo mismo.
No tenemos que correr hacia ninguna parte,
sólo saber dar cada paso plenamente.


Cuando somos más grandes que lo que hacemos,
nada puede desequilibrarnos.
Pero cuando permitimos que las cosas sean más grandes
que nosotros, nuestro desequilibrio está garantizado.

Quizá sólo seamos agua fluyendo;
el camino nos lo tenemos que hacer nosotros.

Más no permitas que el cauce esclavice al río,
no sea que en vez de un camino tengas una cárcel.


Amo mi locura que me vacuna contra la estupidez.
Amo el amor que me inmuniza ante la infelicidad
que pulula por doquier, infectando almas
y atrofiando corazones.

La gente está tan acostumbrada a ser infeliz,
que la sensación de felicidad
les resulta sospechosa.


La gente está tan reprimida, que la espontánea ternura
le incomoda y el amor le inspira desconfianza.

La vida es un canto a la belleza,
una convocatoria a la transparencia.

OS PIDO PERDÓN PERO….
¡ME DECLARO VIVO!


Chamalú.
Indio Quechua

21 febrero 2010

El alma




Que nadie haya sido tan afortunado de darse cuenta la mina de oro que tú eres, no significa que brilles menos.

Que nadie haya sido lo suficientemente inteligente para darse cuenta que mereces estar en la cima, no te detiene para lograrlo.

Que nadie se haya presentado aún para compartir tu vida, no significa ese día esté lejos.

Que nadie haya venido a alejar la soledad con su amor,
no significa que debas conformarte con lo que sea.

Que nadie te haya amado con esa clase de amor que has soñado, no significa que tengas que conformarte con menos.

Que aún no hayas recogido las mejores cosas de la vida, no significa que la vida sea injusta.

Que nadie haya notado los avances en tu vida, no te da permiso para detenerte.

Que nadie se haya dado cuenta la hermosa mujer que tú eres, no significa que no seas apreciada.

Que esperes y pienses en un hermoso príncipe para tí,
no significa que tú no seas ya una reina.

Sólo porque tu situación no parece estar progresando por ahora, no significa que necesites cambiar nada.

Sigue brillando,
Sigue corriendo,
Sigue esperando,
Sigue viviendo,
Sigue siendo exactamente como ya tú eres:

¡Una Mujer Completa!

08 febrero 2010

Tuareg



MOUSSA AG ASSARID,

-No sé mi edad: nací en el desierto del Sahara, sin papeles...!
Nací en un campamento nómada tuareg entre Tombuctú y Gao, al norte de Mali. He sido pastor de los camellos, cabras, corderos y vacas de mi padre. Hoy estudio Gestión en la Universidad Montpellier. Estoy soltero. Defiendo a los pastores tuareg. Soy musulmán, sin fanatismo

- ¡Qué turbante tan hermoso...!

- Es una fina tela de algodón: permite tapar la cara en el desierto cuando se levanta arena, y a la vez seguir viendo y respirando a su través.

- Es de un azul bellísimo...

- A los tuareg nos llamaban los hombres azules por esto: la tela destiñe algo y nuestra piel toma tintes azulados...

- ¿Cómo elaboran ese intenso azul añil?

- Con una planta llamada índigo, mezclada con otros pigmentos naturales. El azul, para los tuareg, es el color del mundo.

- ¿Por qué?

- Es el color dominante: el del cielo, el techo de nuestra casa.

- ¿Quiénes son los tuareg?

- Tuareg significa "abandonados" , porque somos un viejo pueblo nómada del desierto, solitario, orgulloso: "Señores del Desierto", nos llaman. Nuestra etnia es la amazigh (bereber), y nuestro alfabeto, el tifinagh.

- ¿Cuántos son?

- Unos tres millones, y la mayoría todavía nómadas. Pero la población decrece... "¡Hace falta que un pueblo desaparezca para que sepamos que existía!", denunciaba una vez un sabio: yo lucho por preservar este pueblo.

- ¿A qué se dedican?

- Pastoreamos rebaños de camellos, cabras, corderos, vacas y asnos en un reino de infinito y de silencio...

- ¿De verdad tan silencioso es el desierto?

- Si estás a solas en aquel silencio, oyes el latido de tu propio corazón. No hay mejor lugar para hallarse a uno mismo.

- ¿Qué recuerdos de su niñez en el desierto conserva con mayor nitidez?

- Me despierto con el sol. Ahí están las cabras de mi padre. Ellas nos dan leche y carne, nosotros las llevamos a donde hay agua y hierb a... Así hizo mi bisabuelo, y mi abuelo, y mi padre... Y yo. ¡No había otra cosa en el mundo más que eso, y yo era muy feliz en él!

- ¿Sí? No parece muy estimulante. ..

- Mucho. A los siete años ya te dejan alejarte del campamento, para lo que te enseñan las cosas importantes: a olisquear el aire, escuchar, aguzar la vista, orientarte por el sol y las estrellas... Y a dejarte llevar por el camello, si te pierdes: te llevará a donde hay agua.

- Saber eso es valioso, sin duda...

- Allí todo es simple y profundo. Hay muy pocas cosas, ¡y cada una tiene enorme valor!

- Entonces este mundo y aquél son muy diferentes, ¿no?

- Allí, cada pequeña cosa proporciona felicidad. Cada roce es valioso. ¡Sentimos una enorme alegría por el simple hecho de tocarnos, de estar juntos! Allí nadie sueña con llegar a ser, ¡porque cada uno ya es!

- ¿Qué es lo que más le chocó en su primer viaje a Europa?

- Vi correr a la gente por el aeropuerto.. . ¡En el desierto sólo se corre si viene una tormenta de arena! Me asusté, claro...

- Sólo iban a buscar las maletas, ja, ja...

- Sí, era eso. También vi carteles de chicas desnudas: ¿por qué esa falta de respeto hacia la mujer?, me pregunté.... Después, en el hotel Ibis, vi el primer grifo de mi vida: vi correr el agua... y sentí ganas de llorar..

- Qué abundancia, qué derroche, ¿no?

- ¡Todos los días de mi vida habían consistido en buscar agua! Cuando veo las fuentes de adorno aquí y allá, aún sigo sintiendo dentro un dolor tan inmenso...

- ¿Tanto como eso?

- Sí. A principios de los 90 hubo una gran sequía, murieron los animales, caímos enfermos... Yo tendría unos doce años, y mi madre murió... ¡Ella lo era todo para mí! Me contaba historias y me enseñó a contarlas bien. Me enseñó a ser yo mismo.

- ¿Qué pasó con su familia?

- Convencí a mi padre de que me dejase ir a la escuela. Casi cada día yo caminaba quince kilómetros. Hasta que el maestro me dejó una cama para dormir, y una señora me daba de comer al pasar ante su casa... Entendí: mi madre estaba ayudándome...

- ¿De dónde salió esa pasión por la escuela?

- De que un par de años antes había pasado por el campamento el rally París-Dakar, y a una periodista se le cayó un libro de la mochila. Lo recogí y se lo di. Me lo regaló y me habló de aquel libro: El Principito. Y yo me prometí que un día sería capaz de leerlo...

- Y lo logró.

- Sí. Y así fue como logré una beca para estudiar en Francia.

- ¡Un tuareg en la universidad. ..!

- Ah, lo que más añoro aquí es la leche de camella... Y el fuego de leña. Y caminar descalzo sobre la arena cálida. Y las estrellas: allí las miramos cada noche, y cada estrella es distinta de otra, como es distinta cada cabra... Aquí, por la noche, miráis la tele.

- Sí... ¿Qué es lo que peor le parece de aquí?

- Tenéis de todo, pero no os basta. Os quejáis. ¡En Francia se pasan la vida quejándose! Os encadenáis de por vida a un banco, y hay ansia de poseer, frenesí, prisa.... En el desierto no hay atascos, ¿y sabe por qué? ¡Porque allí nadie quiere adelantar a nadie!

- Reláteme un momento de felicidad intensa en su lejano desierto.

- Es cada día, dos horas antes de la puesta del sol: baja el calor, y el frío no ha llegado, y hombres y animales regresan lentamente al campamento y sus perfiles se recortan en un cielo rosa, azul, rojo, amarillo, verde....

- Fascinante, desde luego....

- Es un momento mágico... Entramos todos en la tienda y hervimos té. Sentados, en silencio, escuchamos el hervor... La calma nos invade a todos: los latidos del corazón se acompasan al pot-pot del hervor...

- Qué paz...

- Aquí tenéis reloj, allí tenemos tiempo.

17 enero 2010

Elogio de la Mujer Brava




A los hombres machistas, que somos como el 96 por ciento de la población masculina, nos molestan las mujeres de carácter áspero, duro, decidido. Tenemos palabras denigrantes para designarlas: arpías, brujas, viragos, marimachos. En realidad, les tenemos miedo y no vemos la hora de hacerles pagar muy caro su desafío al poder masculino que hasta hace poco habíamos detentado sin cuestionamientos. A esos machistas incorregibles que somos, machistas ancestrales por cultura y por herencia, nos molestan instintivamente esas fieras que en vez de someterse a nuestra voluntad, atacan y se defienden.

La hembra con la que soñamos, un sueño moldeado por siglos de prepotencia y por genes de bestias (todavía infrahumanos), consiste en una pareja joven y mansa, dulce y sumisa, siempre con una sonrisa de condescendencia en la boca. Una mujer bonita que no discuta, que sea simpática y diga frases amables, que jamás reclame, que abra la boca solamente para ser correcta, elogiar nuestros actos y celebrarnos bobadas. Que use las manos para la caricia, para tener la casa impecable, hacer buenos platos, servir bien los tragos y acomodar las flores en floreros. Este ideal, que las revistas de moda nos confirman, puede identificarse con una especie de modelito de las que salen por televisión, al final de los noticieros, siempre a un milímetro de quedar en bola, con curvas increíbles (te mandan besos y abrazos, aunque no te conozcan), siempre a tu entera disposición, en apariencia como si nos dijeran “no más usted me avisa y yo le abro las piernas”, siempre como dispuestas a un vertiginoso desahogo de líquidos seminales, entre gritos ridículos del hombre (no de ellas, que requieren más tiempo, y se quedan a medias).

A los machistas jóvenes y viejos nos ponen en jaque estas nuevas mujeres, las mujeres de verdad, las que no se someten y protestan, y por eso seguimos soñando, más bien, con jovencitas perfectas que lo den fácil y no pongan problema. Porque estas mujeres nuevas exigen, piden, dan, se meten, regañan, contradicen, hablan, y sólo se desnudan si les da la gana. Estas mujeres nuevas no se dejan dar órdenes, ni podemos dejarlas plantadas, o tiradas, o arrinconadas, en silencio, y de ser posible en roles subordinados y en puestos subalternos. Las mujeres nuevas estudian más, saben más, tienen más disciplina, más iniciativa, y quizá por eso mismo les queda más difícil conseguir pareja, pues todos los machistas les tememos.

Pero estas nuevas mujeres, si uno logra amarrar y poner bajo control al burro machista que llevamos dentro, son las mejores parejas. Ni siquiera tenemos que mantenerlas, pues ellas no lo permitirían porque saben que ese fue siempre el origen de nuestro dominio. Ellas ya no se dejan mantener, que es otra manera de comprarlas, porque saben que ahí -y en la fuerza bruta- ha radicado el poder de nosotros los machos durante milenios. Si las llegamos a conocer, si logramos soportar que nos corrijan, que nos refuten las ideas, nos señalen los errores que no queremos ver y nos desinflen la vanidad a punta de alfileres, nos daremos cuenta de que esa nueva paridad es agradable, porque vuelve posible una relación entre iguales, en la que nadie manda ni es mandado. Como trabajan tanto como nosotros (o más) entonces ellas también se declaran hartas por la noche, y de mal humor, y lo más grave, sin ganas de cocinar. Al principio nos dará rabia, ya no las veremos tan buenas y abnegadas como nuestras santas madres, pero son mejores, precisamente porque son menos santas (las santas santifican) y tienen todo el derecho de no serlo.

Envejecen, como nosotros, y ya no tienen piel ni senos de veinteañeras (mirémonos el pecho también nosotros, y los pies, las mejillas, los poquísimos pelos), las hormonas les dan ciclos de euforia y mal genio, pero son sabias para vivir y para amar, y si alguna vez en la vida se necesita un consejo sensato (se necesita siempre, a diario), o una estrategia útil en el trabajo, o una maniobra acertada para ser más felices, ellas te lo darán, no las peladitas de piel y tetas perfectas, aunque estas sean la delicia con la que soñamos, un sueño que cuando se realiza ya ni sabemos qué hacer con todo eso.

Somos animalitos todavía, los varones machistas, y es inútil pedir que dejemos de mirar a las muchachitas perfectas. Los ojos se nos van tras ellas, tras las curvas, porque llevamos por dentro un programa tozudo que hacia allá nos impulsa, como autómatas. Pero si logramos usar también esa herencia reciente, el córtex cerebral, si somos más sensatos y racionales, si nos volvemos más humanos y menos primitivos, nos daremos cuenta de que esas mujeres nuevas, esas mujeres bravas que exigen, trabajan, producen, joden y protestan, son las más desafiantes, y por eso mismo las más estimulantes, las más entretenidas, las únicas con quienes se puede establecer una relación duradera, porque está basada en algo más que en abracitos y besos, o en coitos precipitados seguidos de tristeza: nos dan ideas, amistad, pasiones y curiosidad por lo que vale la pena, sed de vida larga y de conocimiento.


Héctor Abad Faciolince
Escritor y periodista colombiano - 1958

10 enero 2010

Me doy permiso...



Me doy permiso para separarme de personas
que me traten con brusquedad, presiones o violencia.
No acepto ni la brusquedad ni mucho menos la violencia
aunque vengan de mis padres, de mi marido, o mujer,
Ni de mis hijos, ni de mi jefe, ni de nadie.
Las personas bruscas o violentas quedan ya,
desde este mismo momento,
fuera de mi vida.

Soy un ser humano que trata con consideración y respeto a los demás.
Merezco también consideración y respeto.



Me doy permiso para no obligarme a ser
“el alma de la fiesta”,
el que pone el entusiasmo en las situaciones,

ni ser la persona que pone el calor humano en el hogar,
la que está dispuesta al diálogo para resolver conflictos
cuando los demás ni siquiera lo intentan.


No he nacido para entretener y dar energía a los demás
a costa de agotarme yo:
no he nacido para estimularles con tal de que continúen a mi lado.




Mi propia existencia, mi ser ya es valioso.
Si quieren continuar a mi lado deben aprender a valorarme.
Mi presencia ya es suficiente: no he de agotarme haciendo más.



Me doy permiso para no tolerar exigencias
desproporcionadas en el trabajo.
No voy a cargar con responsabilidades que corresponden a otros

y que tienen tendencia a desentenderse.
Si las exigencias de mis superiores son desproporcionadas
hablaré con ellos clara y serenamente.

Me doy permiso para no hundirme las espaldas
con cargas ajenas

Más vale lo bueno que ya he ido conociendo
y lo mejor que aún está por conocer.
Voy a explorar sin angustia.

Me doy permiso para no agotarme
intentando ser una persona excelente.
No soy perfecto, nadie es perfecto
y la perfección es oprimente.


Me permito rechazar las ideas que me inculcaron en la infancia
intentando que me amoldara a los esquemas ajenos,
intentando obligarme a ser perfecto:

un hombre sin fisuras, rígidamente irreprochable.
Es decir: inhumano.

Asumo plenamente mi derecho a defenderme,
a rechazar la hostilidad ajena,
a no ser tan correcto como quieren;
asumo mi derecho a ponerles límites y barreras
a algunas personas sin sentirme culpable.
No he nacido para ser la víctima de nadie.

Me doy permiso para no estar esperando alabanzas,
manifestaciones de ternura o la valoración de los otros.


Me permito no sufrir angustia esperando una llamada de teléfono,
una palabra amable o un gesto de consideración.
Me afirmo como una persona no adicta a la angustia.
Soy yo quien me valoro, me acepto y me aprecio


No espero a que vengan esas consideraciones desde el exterior.
Y no espero encerrado o recluido ni en casa,
ni en un pequeño círculo de personas de las que depender.

Al contrario de lo que me enseñaron en la infancia,
la vida es una experiencia de abundancia.
Empiezo por reconocer mis valores.
Y el resto vendrá solo.
No espero de fuera.

Me doy permiso para no estar al día en muchas cuestiones de la vida:
no necesito tanta información, tanto programa de ordenador,
tanta película de cine, tanto periódico, tanto libro, tantas músicas.
Decido no intentar absorber el exceso de información.


Me permito no querer saberlo todo.
Me permito no aparentar que estoy al día en todo
o en casi todo.

Y me doy permiso para saborear las cosas de la vida
que mi cuerpo y mi mente pueden asimilar con un ritmo tranquilo.
Decido profundizar en todo cuanto ya tengo y soy.
Con lo que soy es más que suficiente.
Y aún sobra.

Me doy permiso para ser inmune a los elogios o alabanzas desmesurados:
las personas que se exceden en consideración resultan abrumadoras.
Y dan tanto porque quieren recibir mucho más a cambio.
Prefiero las relaciones menos densas.

Me permito un vivir con levedad, sin cargas ni demandas excesivas.
No entro en su juego.

Me doy el permiso más importante de todos: el de ser auténtico.
No me impongo soportar situaciones y convenciones sociales
que agotan,que me disgustan o que no deseo.
No me esfuerzo por complacer.


Si intentan presionarme para que haga lo que mi cuerpo y mi mente no quieren hacer,
me afirmo tranquila y firmemente diciendo que no.
Es sencillo y liberador acostumbrarse a decir “no”.

Elijo lo que me da salud y vitalidad. Me hago más fuerte y más sereno
cuando mis decisiones las expreso como forma de decir lo que yo quiero o no quiero,

y no como forma de despreciar las elecciones de otros.
No me justificaré: si estoy alegre, lo estoy; si estoy menos alegre, lo estoy;
si un día señalado del calendario es socialmente obligatorio sentirse feliz,
yo estaré como estaré.

Me permito estar tal como me sienta bien conmigo mismo y no como me ordenan
las costumbres y los que me rodean:
lo “normal” y lo “anormal” en mis estados emocionales
lo establezco yo.


Me doy permiso para...
Joaquín Argente





06 diciembre 2009


CÓMO EXPLICAR EL NACIMIENTO DE UN NIÑ@ EN EL SIGLO XXI


......., las flores, la semilla en la tierra....................eso está desfasado.

¡¡ SEAMOS MODERNOS !!


Un bonito dia, un hijo le pregunta a su padre:

- Papá, ¿cómo nací yo?
- Muy bien hijo, algún dia debiamos hablar de esto y te voy a explicar lo que debes saber:

Un dia, Papá y Mamá se conectaron al Facebook.
Papá le mandó a Mamá un e-mail para vernos en un Cybercafé.
Descubrimos que teníamos muchas cosas en común y nos entendíamos muy bién.
Papá y Mamá decidieron entonces compartir sus Archivos.

Nos metimos, disimuladamente, en el W.C y Papá introdujo su Pendrive en el puerto USB de Mamá. Cuando empezaron a descargarse los archivos nos dimos cuenta que no teníamos Firewall. Era ya muy tarde para cancelar la descarga e imposible borrar los archivos.

Asi es que, a los nueve meses, ......................... ¡¡¡¡ Apareció el VIRUS !!!!.

29 noviembre 2009

Lecciones de vida


La vida no es justa, pero aún así es buena.


La vida es demasiada corta para perder el tiempo odiando a alguien.


Tu trabajo no te cuidará cuando estés enfermo. Tus amigos y familia sí. Mantente en contacto.


No tienes que ganar cada discusión. Debes estar de acuerdo en no estar de acuerdo.


Llora con alguien. Alivia más que llorar solo.


Cuando se trata de chocolate, la resistencia es inútil.


Haz las paces con tu pasado para que no arruine el presente.


No compares tu vida con la de otros. No tienes ni idea de cómo es su travesía.


Si una relación tiene que ser secreta, mejor no tenerla.


Respira profundamente. Eso calma la mente.


Elimina todo lo que no sea útil, hermoso o alegre.


Lo que no te mata, en realidad te hace más fuerte.


Nunca es demasiado tarde para tener una niñez feliz. Pero la segunda sólo depende de ti.


Cuando se trata de perseguir aquello que amas en la vida, no aceptes un "no" por respuesta.


Enciende las velas, utiliza las sábanas bonitas, ponte la lencería cara. No la guardes para una ocasión especial. Hoy es especial.


Sé excéntrico ahora. No esperes a ser viejo para serlo.


El órgano sexual más importante es el cerebro.


Nadie es renponsable de tu felicidad, sólo tú.


Enmarca todo supuesto "desastre" con estas palabras: "En cinco años, ¿esto importará?"


Perdónales todo a todos.


Lo que las otras personas piensen de ti, no te incumbe.


El tiempo sana casi todo. Dale tiempo al tiempo.


Por más buena o mala que sea una situación, algún día cambiará.


No te tomes tan en serio. Nadie más lo hace.


No cuestiones la vida. Sólo vívela y aprovéchala al máximo hoy.


Llegar a viejo es mejor que la alternativa.....morir joven.


Todo lo que verdaderamente importa al final es que hayas amado.


Sal todos los días. Los milagros están esperando en todas partes.


Si juntáramos nuestros problemas y viéramos los montones de los demás, querríamos los nuestros.


La envidia es una pérdida de tiempo. Tú ya tienes todo lo que necesitas.


Lo mejor está aún por llegar.


No importa cómo te sientas... arréglate y preséntate.


Cede.


La vida no está envuelta con un lazo pero sigue siendo un regalo.

Escrito por Regina Brett
"The Plain Dealer", Cleveland, Ohio

04 noviembre 2009

Y UN CARAJO!!!!


Una tarde un hombre volvió a casa del trabajo y encontró un desorden total en su casa.
Sus tres hijos estaban afuera, todavía en pijamas, jugando en el barro, con cajas y envolturas de comida tiradas por todo el jardín.
La puerta del auto de su esposa estaba abierta, también la puerta del frente de la casa.
Cuando pasó la entrada encontró todavía más desorden: una lámpara caída, el sillón cargado de ropa y mochilas, zapatos tirados, la TV estaba puesta a todo volúmen en un canal de dibujitos, el playroom lleno de juguetes desparramados y ropa tirada por el piso.
En la cocina, la pileta estaba llena de platos sucios, había comida del perro, había un par de vasos rotos bajo la mesa, jugo y algunos montones de arena cerca de la entrada de la puerta trasera.
Rápidamente se dirigió hacia las escaleras, pisando más juguetes y ropa que estaban tirados en el camino... buscando a su esposa.
Estaba preocupado que hubiera pasado algo serio... o que tal vez pudiera estar enferma...
La encontró... descansando en su cuarto, todavía acurrucada en la cama y en camisón, leyendo una novela.
Al verlo, le sonrió felizmente y le preguntó cómo le había ido en su día...
Él la miró y totalmente extrañado le preguntó:
-!!¿¿Qué pasó aquí hoy??!!
Ella sonrió de nuevo y respondió:
- ¿Viste que hay días en que llegás del trabajo y me preguntás "¿Qué Carajo hiciste en TODO el día?"
- Sí...- fue la respuesta incrédula del esposo.
- Bueno, -respondió ella- .... Hoy no hice un CARAJO...