25 febrero 2012

El sentir de Ángeles Caso


Artículo publicado en La Vanguardia, escrito por la periodista Angeles Caso.

Será porque tres de mis más queridos amigos se han enfrentado inesperadamente estas Navidades a enfermedades gravísimas. O porque, por suerte para mí, mi compañero es un hombre que no posee nadamaterial pero tiene el corazón y la cabeza más sanos que he conocido y cada día aprendo de él algo valioso. O tal vez porque, a estas alturas de mi existencia, he vivido ya las suficientes horas buenas y horas malas como para empezar a colocar las cosas en su sitio. Será, quizá, porque algún bendito ángel de la sabiduría ha pasado por aquí cerca y ha dejado llegar una bocanada de su aliento hasta mí. El caso es que tengo la sensación –al menos la sensación– de que empiezo a entender un poco de qué va esto llamado vida.

Casi nada de lo que creemos que es importante me lo parece. Ni el éxito, ni el poder, ni el dinero, más allá de lo imprescindible para vivir con dignidad. Paso de las coronas de laureles y de los halagos sucios. Igual que paso del fango de la envidia, de la maledicencia y el juicio ajeno. Aparto a los quejumbrosos y malhumorados, a los egoístas y ambiciosos que aspiran a reposar en tumbas llenas de honores y cuentas bancarias, sobre las que nadie derramará una sola lágrima en la que quepa una partícula minúscula de pena verdadera. Detesto los coches de lujo que ensucian el mundo, las joyas fabricadas sobre las penalidades de hombres esclavos que padecen en las minas de esmeraldas y de oro a cambio de un pedazo de pan.

Rechazo el cinismo de una sociedad que sólo piensa en su propio bienestar y se desentiende del malestar de los otros, a base del cual construye su derroche. Y a los malditos indiferentes que nunca se meten en líos. Señalo con el dedo a los hipócritas que depositan una moneda en las huchas de las misiones pero no comparten lamesa con un inmigrante. A los que te aplauden cuando eres reina y te abandonan cuando te salen pústulas. A los que creen que sólo es importante tener y exhibir en lugar de sentir, pensar y ser.

Y ahora, ahora, en este momento de mi vida, no quiero casi nada. Tan sólo la ternura de mi amor y la gloriosa compañía de mis amigos. Unas cuantas carcajadas y unas palabras de cariño antes de irme a la cama. El recuerdo dulce de mis muertos. Un par de árboles al otro lado de los cristales y un pedazo de cielo al que se asomen la luz y la noche. El mejor verso del mundo y la más hermosa de las músicas. Por lo demás, podría comer patatas cocidas y dormir en el suelo mientras mi conciencia esté tranquila.

También quiero, eso sí, mantener la libertad y el espíritu crítico por los que pago con gusto todo el precio que haya que pagar. Quiero toda la serenidad para sobrellevar el dolor y toda la alegría para disfrutar de lo bueno. Un instante de belleza a diario. Echar desesperadamente de menos a los que tengan que irse porque tuve la suerte de haberlos tenido a mi lado. No estar jamás de vuelta de nada. Seguir llorando cada vez que algo lo merezca, pero no quejarme de ninguna tontería. No convertirme nunca, nunca, en una mujer amargada, pase lo que pase. Y que el día en que me toque esfumarme, un puñadito de personas piensen que valió la pena que yo anduviera un rato por aquí. Sólo quiero eso. Casi nada. O todo.

01 enero 2012

Agradecimientos




El hijo que muchas veces no limpia su cuarto y se la pasa viendo televisión, significa que...
Está en casa!


El
desorden que tengo que limpiar después de una fiesta,
Significa que...

Estuvimos rodeados de familiares o amigos!


Las ropas que están apretadas,
Significa que...

Tengo más que suficiente para comer!


El trabajo que tengo en limpiar la casa,
Significa que...

Tengo una casa!


Las quejas que escucho acerca del gobierno,
Significa que...

Tengo libertad de expresión!


No encuentro estacionamiento,
Significa que...

Tengo coche!


Los ruidos de la ciudad,
Significa que...

Puedo oír!


El cansancio al final del día,
Significa que...

Puedo trabajar!


El despertador que me despierta todas las mañanas,
Significa que...

Estoy vivo!


Finalmente por los mensajes que recibo,
Significa que...

Tengo amigos pensando en mí!




CUANDO PIENSES QUE EN LA VIDA TE VA MAL...
LEE OTRA VEZ ESTE MENSAJE

Una cuestión lingüística

Como ya sabréis, el juez de la Audiencia Nacional ......... ha dictado una sentencia en la que afirma que llamar "zorra" a una mujer no es delito ni falta ni nada, porque quien usa ese adjetivo en realidad quier decir que dicha mujer es astuta y sagaz. He aquí el escrito que le ha remitido una ciudadana:

"Estimado juez Del Olmo: Espero que al recibo de la presente esté usted bien de salud y con las neuronas en perfecto estado de alerta como es habitual en Su Señoría.

El motivo de esta misiva no es otro que el de solicitarle amparo judicial ante una injusticia cometida en la persona de mi tía abuela Felicitas y que me tiene un tanto preocupada.
Paso a exponerle los hechos:
Esta mañana mi tía abuela Felicitas y servidora nos hemos cruzado en el garaje con un sujeto bastante cafre que goza de una merecida impopularidad entre la comunidad de vecinos. Animada por la última sentencia de su cosecha, que le ha hecho comprender la utilidad de la palabra como vehículo para limar asperezas, y echando mano a la riqueza semántica de nuestra querida lengua, mi querida tía abuela, mujer locuaz donde las haya, le ha saludado con un jovial "que te den, *cabrito*".
Como una hidra, oiga. De poco me ha servido explicarle que la buena de la tía abuela lo decía en el sentido de alabar sus grandes dotes como trepador de riscos, y que en estas épocas de recortes a espuertas, desear a alguien que le den algo es la expresión de un deseo de buena voluntad. El sujeto, entre espumarajos, nos ha soltado unos cuantos vocablos, que no sé si eran insultos o piropos porque no ha especificado cuál de sus múltiples acepciones se refería, y ha enfilado hacia la comisaría más cercana haciendo oídos sordos a mis razonamientos, que no son otros que los suyos de usted, y a los de la tía abuela, que le despedía señalando hacia arriba con el dedo corazón de su mano derecha con la evidente intención de saber hacia dónde soplaba el viento.
Como tengo la esperanza de que la denuncia que sin duda está intentando colocar esa *hiena* -en el sentido de que es un hombre de sonrisa fácil- llegue en algún momento a sus manos, le ruego, por favor, que intente mediar en este asunto explicándole al *asno* -expresado con la intención de destacar que es un hombre tozudo, a la par que trabajador- de mi vecino lo de que las palabras no siempre significan lo que significan, y le muestre de primera mano que llamar *zorra* a una mujer es asumible siempre y cuando se diga en su acepción de mujer astuta.

Sé que es usted un *porcino* -dicho con el ánimo de remarcar que todo de su señoría son recursos aprovechables- y que como tal, pondrá todo lo que esté de su mano para que mi vecino y otros *carroñeros* como él -dicho en el sentido de que son personas que se comen los filetes una vez muerta la vaca- entren por el aro y comprendan que basta un poco de buena voluntad, como la de mi tía abuela Felicitas, para transformar las agrias discusiones a gritos en educados intercambios de descripciones, tal y como determina usted en su sentencia, convirtiendo así el mundo en un lugar mucho más agradable.

Sin más y agradeciéndole de antemano su atención, se despide atentamente una *víbora* (evidentemente en el sentido de ponerme a sus pies a los de su señora)."

19 octubre 2011

La Moda Verde


En la fila del supermercado, el cajero le dice a una señora mayor que debería traer su propia bolsa, ya que las bolsas de plástico no son buenas para el medio ambiente.

La señora pide disculpas y explica: "Es que no había esta moda verde en mis tiempos."

El empleado le contestó: "Ese es ahora nuestro problema . Su generación no puso suficiente cuidado en conservar el medio ambiente."

Tiene razon: nuestra generación no tenía esa moda verde en esos tiempos.

En aquel entonces, las botellas de leche, las botellas de gaseosa y las de cerveza se devolvían a la tienda. La tienda las enviaba de nuevo a la fábrica para ser lavadas y esterilizadas antes de llenarlas de nuevo, de manera que se podían usar las mismas botellas una y otra vez. Así, realmente las reciclaban.
Pero no teníamos esta moda verde en nuestros tiempos.

Subíamos las escaleras, porque no había escaleras mecánicas en cada comercio ni oficina. Íbamos andando a las tiendas en lugar de ir en coches de 300 caballos de potencia cada vez que necesitábamos recorrer 200 metros. Pero tenía razón.

No teníamos la moda verde en nuestros días.

Por entonces, lavábamos los pañales de los bebés porque no los había desechables. Secábamos la ropa en tendederos, no en secadoras que funcionan con 220 voltios. La energía solar y la eólica secaban verdaderamente nuestra ropa.

Los chicos usaban la ropa de sus hermanos mayores, no siempre modelitos nuevos.

Pero esa señora está en lo cierto: no teníamos una moda verde en nuestros días.

Entonces teníamos una televisión, o radio, en casa -no un televisor en cada habitación. Y la TV tenía una pantallita del tamaño de un pañuelo (¿se acuerdan?), no una pantallota del tamaño de un estadio.
En la cocina, molíamos y batíamos a mano, porque no había máquinas eléctricas que lo hiciesen por nosotros.
Cuando empaquetábamos algo frágil para enviarlo por correo, usábamos periódicos arrugados para protegerlo, no cartones preformados o bolitas de plástico.
En esos tiempos no arrancábamos un motor y quemábamos gasolina sólo para cortar el cesped. Usábamos una podadora que funcionaba a músculo. Hacíamos ejercicio trabajando, así que no necesitábamos ir a un gimnasio para correr sobre cintas mecánicas que funcionan con electricidad. Pero ella está en lo cierto: no había en esos tiempos una moda verde.
Bebíamos del grifo cuando teníamos sed, en lugar de usar vasitos o botellas de plástico cada vez que teníamos que tomar agua.
Recargábamos las estilográficas con tinta, en lugar de comprar una nueva y cambiábamos las cuchillas de afeitar en vez de tirar a la basura toda la afeitadora sólo porque la hoja perdió su filo. Pero no teníamos una moda verde por entonces. En aquellos tiempos, la gente tomaba el tranvía o el autobus y los chicos iban en sus bicicletas a la escuela o andando, en lugar de usar a su mamá como taxista las 24 horas.
Teníamos un enchufe en cada habitación, no un regleta de enchufes para alimentar una docena de artefactos. Y no necesitábamos un aparato electrónico para recibir señales desde satélites situados a miles de kilómetros de distancia en el espacio para encontrar la pizzería más próxima.
Así que ¿no les parece lamentable que la actual generación se queje continuamente de lo irresponsables que éramos los viejos por no tener esta moda verde en nuestros tiempos?

07 octubre 2011

No sabes cuánto te quiero...


Hoy volví a escuchar una canción de hace mucho tiempo... y la música y la voz me resultaron incluso ridículas... pero escuché la letra... la busqué y la leí... y hoy la quiero compartir, porque ojalá yo tuviera a quien decir así "No sabes cuánto te quiero".



Está amaneciendo.
Que paz refleja tu cara
cuando duermes.

Ya es casi la hora de empezar un nuevo día
y la verdad, reconozco que no me gusta nada madrugar.
Quizás sea esa la razón por la que tengo tan mal despertar.

Te agradezco tanto que cada mañana
me regales tu primera mirada, tu sonrisa,
y que me digas:
Buenos días mi amor!

Me encanta mirarte cuando me preparas el café.
Te preocupas tanto de lo mio,
que se te olvida y no te importa
que el tuyo se esté quedando frío.

Siempre piensas antes en mi que en ti.
Siempre...

Y no sabes cuánto te quiero...

Necesito ese beso,
ese beso tuyo de ayer,
de hoy y de siempre.
Ese beso que me das cuando me marcho
y cuando regreso.
Cuando llego a casa, tarde, cansado y con problemas,
y tú me recibes con los brazos abiertos.
Me ayudas, me oyes, y sobre todo me escuchas,
y eso alivia mis penas.

Hoy desperté abrazado a ti.
Me gustó tanto mirarte.
Tenías los ojos cerrados a la luz
y la mente abierta a los sueños.
Tu cuerpo, completamente desnudo.
Mis manos parecían tener alas,
se me escapaban,
volaban hacia ti,
te deseaban,
y te acaricié de los pies a la cabeza...
una y otra vez.

No sabes cuánto te quiero...

Hay veces que no nos hacen falta
ni las palabras para entendernos,
nos basta con mirarnos.
Y si por alguna tontería discutimos,
acabamos encontrándonos
donde más cerca nos sentimos, más unidos...
nuestra cama

Si nos va bien o mal,
yo a tu lado y tu al mio,
juntos, fundidos como arena y cal,
como agua del mismo río.

Hay quién no entiende este amor,
hay quién nos da la espalda.
Qué más nos da?
Si tu y yo sabemos cuando nos conocimos
decidimos echar el ancla.

Te he sentido tantas veces
cuando a media noche te levantas.
Me miras y me mimas como si fuera un crío.
Pareces adivinar que estoy sintiendo frío
y me echas otra manta.

Me gusta cómo me tratas
y me gusta cómo me amas.
Eres el mejor regalo
que me ha dado la vida.

No sabes cuánto te quiero...

Compartes todas mis cosas
todo lo que se puede sentir cuando de verdad se ama.
En esos momentos de entrega tuya y mía,
donde solo hay un testigo que nos mira
calla y guarda nuestra intimidad...
nuestra cama.


Camilo Sexto

28 agosto 2011

La cremallera.

(Imagen tomada de la red)

Cuando el autobús se detuvo a recoger a los pasajeros ella se dio cuenta
de que su falda era demasiado estrecha para permitirle dar el paso para subir.

Algo avergonzada le sonrió al conductor y llevó la mano hacia atrás y

bajó un poco la cremallera de la falda pensando que tal vez eso ayudaría...
Intentó subir, pero no pudo.

Sintiéndose todavía más avergonzada, bajó la cremallera un poco más y

volvió a intentar subir al bus, pero sin éxito.
Casi llorando de la vergüenza bajó del todo la cremallera y
de nuevo no pudo subir al autobús.

Entonces un tipo alto que estaba detrás de ella en la fila la levantó

por la cintura y la subió al autobús.
Furiosa, ella se volvió hacia el buen samaritano y le gritó,
"¿Cómo se atreve a tocarme? ¡Yo a usted no lo conozco!"

El hombre con una amplia sonrisa, dijo suavemente.

"Bueno, señora, yo normalmente no hago esas cosas,
pero después de que usted me bajó 3 veces la bragueta,
me figuré que ya éramos amigos".

14 agosto 2011

La vida es un espejo - M. Gandhi



Le preguntaron a Mahatma Gandhi cuáles eran los factores que destruyen al ser humano. Él respondió así:

La Política sin principios
el Placer sin compromiso
la Riqueza sin trabajo
la Sabiduría sin carácter
los Negocios sin moral
la Ciencia sin humanidad
y la Oración sin caridad.

La vida me ha enseñado que la gente es amable, si yo soy amable;
que las personas están tristes, si estoy triste;
que todos me quieren, si yo los quiero;
que todos son malos, si yo los odio;
que hay caras sonrientes, si les sonrío;
que hay caras amargas, si estoy amargado;
que el mundo está feliz, si yo soy feliz;
que la gente es enojona, si yo soy enojón;
que las personas son agradecidas, si yo soy agradecido.

La vida es como un espejo: Si sonrío, el espejo me devuelve la sonrisa.
La actitud que tome frente a la vida, es la misma que la vida tomará ante mí.

"El que quiera ser amado, que ame".

06 junio 2011

Una buena noticia, ahora que llega el verano


POR FIN SABEMOS LA VERDAD : NO VALE LA PENA MACHACARSE EN EL GIMNASIO


Una Buena Noticia Para Mis Amigas...

La celulitis, es una defensa orgánica de la mujer.
El organismo aloja en nuestro trasero el exceso de grasa que comemos, en vez de taponar nuestras arterias.
Por eso, los hombres sufren infartos en mayor número que las mujeres.
Yo tenía la certeza que había un motivo...
Dios no podía ser tan injusto!!!

Qué bueno!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Entonces lo que TENEMOS LAS MUJERES no es un CULO es una DEFENSA!!!

AHORA ME QUEDO MÁS TRANQUILA!!!!!!!!!!!!!

22 mayo 2011

Mujeres auténticas y sabias




JEAN SHINODA BOLEN - Doctora en Medicina y Analista Junguiana

Tengo 68 años. Nací y vivo en Los Ángeles.

Soy doctora en Medicina, analista junguiana y profesora de Psiquiatría en la Universidad de California. Estoy divorciada y tengo dos hijos.

Iraq es Vietnam una y otra vez, es una pena que tengamos que aprender a través de tanto sufrimiento.

La espiritualidad une y las religiones dividen.

-¿Quejarse es perder el tiempo?

-¡Claro!

-Hay mucho que aprender...
-Por eso a mí me interesan las mujeres maduras, con humor y activas.

A partir de los 40 años empieza lo mejor si eres capaz de darte cuenta de la

cantidad de cualidades potenciales que hay dentro de ti.

Entonces te entran ganas de convertirte en bruja.

-No sé yo...

-Se lo diré de otra manera: una persona con poder personal.


-Eso me gusta.
-Las brujas sabias dicen la verdad con compasión, y no comulgan con lo
que no les gusta, pero no tienen la rabia de las mujeres más jóvenes.
Algunos hombres excepcionales pueden llegar a ser brujas, los que tienen
compasión, sabiduría, humor y no están supeditados al poder.


-
¿Algo más?
-Sí, las brujas sabias son capaces de mirar hacia atrás sin rencor ni dolor; son atrevidas,

confían en los presentimientos, meditan a su manera, defienden con firmeza lo que más les importa,

deciden su camino con el corazón, escuchan su cuerpo, improvisan, no imploran,

ríen, y tienen los pulgares verdes.

-¡...!
-Tienen mano con las plantas. Y también con los animales.

Primero aprenden a amar lo que hacen, luego alientan a otros al crecimiento.

Saben reconocer lo frágil y lo que tiene valor, y también lo que debe ser podado.

-¿Y hay que esperar a la vejez para ello?
-Cuanta más edad, más camino aprendido.

La observación compasiva de la vida de los demás te enseña mucho,

y las mujeres sabias se pasan mucho tiempo observando.

Hay casos, pocos, de sabias a partir de los 30 o 35, pero esas a los 60 son increíbles.

-¿Qué nos quiere transmitir?
-Que las mujeres tienen la oportunidad de cambiar el mundo en las próximas décadas. Pero que si no lo hacen ahora, probablemente ya no lo harán.

-
¿Por qué dice eso?
-Tras los extremismos de la revolución feminista, el péndulo está en el centro y las mujeres que se lo permiten pueden llegar al equilibrio, a ser completas, fuertes y vulnerables al mismo tiempo.

-
¿Un camino colectivo?
-Por supuesto. No tengo la menor duda de que un pequeño grupo comprometido puede cambiar el mundo.

En realidad, así ha sido hasta ahora.

-¿Y cuál es el secreto?
-El millonésimo círculo.

Yo aliento a las mujeres a formar círculos que tengan un componente espiritual.

Simplemente escuchando los problemas, anhelos y miedos de otras mujeres y contando los tuyos, adquieres fuerza.

-Perdone, pero ¿por qué un círculo?.
-Cuando uno está sentado en círculo y en silencio

se da cuenta de que hay una conexión espiritual con poder transformador.

Yo pertenezco a uno desde hace 18 años: encendemos una vela, guardamos silencio,

contamos lo que nos preocupa, debatimos, y juntamos nuestras energías con un propósito.

-¿Convocan el poder interior?
-Interior y exterior.

La espiritualidad, la física cuántica y el budismo dicen lo mismo: Todo y todos estamos conectados

y por tanto lo que cada uno haga influye en el mundo.

En los círculos de mujeres trabaja el campo mórfico, las teorías de Rupert Sheldrake.

-¿El centésimo mono?
-Sí, este biólogo desarrolló la hipótesis de que cuando una masa crítica de monos llega a un determinado conocimiento, este se transmite de forma intuitiva e inmediata a los miembros de su especie.

Del mismo modo, un número crítico de círculos de mujeres pueden

realzar las cualidades femeninas tan necesarias para que el mundo cambie.

-¿Por qué no círculos mixtos?
-Entre mujeres hay una conexión natural.

Algunos estudios evidencian que cuando una mujer que sufre estrés habla con otra mujer,

ambas liberan la hormona de la maternidad que provoca que el estrés descienda.

-Curioso.
-Si las mujeres estuvieran implicadas en los procesos de paz,

todo sería más fácil, ¡pero si los que negocian son machos alfa...!

-¿Qué ocurre cuando se encuentra un hombre estresado con otro?
-Cuando un hombre estresado se encuentra con otro, segregan testosterona,

lo que provoca o bien la huida o el enfrentamiento.

Pero si ese mismo hombre acude a una mujer que le comprende, una bruja sabia,

su adrenalina baja y su autoestima sube.

Y basta con que se siente a su lado.

-Es bonito eso que dice.
-Estamos llenas de recursos poderosísimos a los que no prestamos atención, como el conocimiento intuitivo. Poderes que se pueden desarrollar en los círculos.

-Propóngame un viaje interior.
-Sea auténtica, sea consecuente con su persona interior y averigüe qué quiere hacer con su preciosa vida.

Desde fuera intentarán responder por usted a las preguntas esenciales, no lo permita.

Desvele qué tipo de arquetipo domina en usted.

-¿A qué se refiere?
-Sus patrones internos que yo resumo en siete diosas.

Cada mujer debe identificar a sus dos o tres diosas dominantes,

que van desde la autónoma Artemisa y la fría Atenea,

hasta la nutritiva Deméter, la creativa Afrodita o Hera, la diosa del matrimonio.

-No será tan simple.
-No, pero si podemos llevar una vida en la que el arquetipo y el papel que desempeñamos coinciden,

nos sentiremos satisfechas.